ENTREVISTA EL TIEMPO: El toro, la muerte, la resiliencia y el arte de una emprendedora

¿Cómo comenzó a pintar? ​

Tengo el recuerdo de que yo siempre hice garabatos. Cuando mi papá me llevaba a El Espectador me ponía a dibujar. Y él me decía: ‘Qué lindo’. Los dos tuvimos la conexión artística. 

Yo siempre he pintado, pero lo dejé. Y hace unos meses murió mi abuelo, que fue la imagen masculina de toda mi vida. Yo nunca viví el luto de mi papá, nunca lo asimilé, pero cuando se murió mi abuelo (se quebranta) dije: ‘Se murió mi papá’. Entonces viví dos muertes en una. Yo no sabía cómo expresarlo y la única manera fue pintando.

Además, mi abuelo tuvo por muchos años una sastrería de renombre, Casa York, aquí en Bogotá. Les diseñaba trajes a los congresistas y los políticos famosos.

Pero, ¿cuándo se le ocurrió que podía pintar cuadros en chaquetas de jean? ​

Un día se me acabó el lienzo y me levanté y dije ‘¿y ahora?’. ¡Estaba ansiosa por pintar! Abrí el clóset y vi una chaqueta de jean que tenía hacía tiempo. La colgué. Tomé el acrílico y pinté. Mi primera chaqueta es un toro. Se llama Toro en primavera. Y me quedó tan bonita que me la puse esa noche, en Barcelona.

Me fui a cenar a un restaurante y, allí, una señora muy mayor, arregladísima, con el pelo pintado, se me acerca y me dice: ‘Ay, tan linda esa chaqueta’. Y yo: ‘Muchas gracias’. ‘¿Y dónde la compraste?’. ‘No, la hice yo’. Y me dijo: ‘Yo quiero una, toma mi WhatsApp’. Yo quedé verde. Compré una chaqueta de la talla de ella, la pinté y se la llevé. Se la dejé con el portero. A las dos semanas me llama: ‘Que mi nieta, de 11 años, quiere una chaqueta. ¡La misma, talla 4, de niña’. 

¿Eso fue cuándo? ​

Hace seis meses. Después de que murió mi abuelo. Ya tengo 15 colecciones, y una parte está expuesta en la galería 26 de Wynwood, el distrito de arte y diseño de Miami. Y están colgadas como cuadros, sobre caballetes.

Pensé que las exhibían sobre maniquíes... ​

No, porque no me considero diseñadora, me veo a mí misma como pintora. Cuando llegué a Wynwood y la señora me dijo expongámoslas en un marco, me pareció bien. En un maniquí se pierde, yo no quiero vender al por mayor. No quiero que toda la gente tenga una chaqueta, ni masificar la creación. Digamos que mi arte es de mis sentimientos.

¿Cómo será la exposición que planea hacer en homenaje a la memoria de su padre? ​

Se llama ‘Taurina’. Voy a pintar entre ocho y diez chaquetas, con los recuerdos que tengo sobre el tema. Son chaquetas que no voy a repetir y que no las voy a vender.



Fuente: El Tiempo. Acceder a la entrevista

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